29 de agosto de 2025 07:36

El impacto de los cambios de estadios en la identidad barrial y los rituales del fútbol en todo el mundo

Hay estadios que son más que gradas y techos; son recuerdos, rituales, esencia de barrio. En el fútbol, el verdadero patrimonio reside en la memoria de sus estadios: la tribuna vibrante, el rincón donde un canto nació, el césped que preservó alegrías y lágrimas. Por eso, cambiar de estadio es algo más que un simple traslado: es enfrentar la nostalgia, reavivar la pasión y atreverse a forjar una nueva historia.

Cada vez que un club inaugura su nueva casa, todo vuelve a comenzar. Lo comprendió el Everton al cerrar las puertas de Goodison Park por última vez, tras 133 años de historia, para abrir un nuevo capítulo en el Hill Dickinson Stadium, construido sobre los muelles de Bramley-Moore Dock.

Goodison Park fue durante más de un siglo el corazón del Everton y uno de los templos más emblemáticos de Inglaterra. Según Reuters, ningún otro estadio de la liga inglesa ha albergado tantos partidos de primera división. Cada rincón, desde las gradas de ladrillo hasta la cercanía con el campo, formó parte de un ritual colectivo.

Goodison Park, tras 133 años

La mudanza no fue fácil. “Será un día triste y emotivo”, reconoció David Moyes, el entrenador, en conversación con Reuters. Cambiar de ubicación significaba romper con un linaje emocional y enfrentar la incertidumbre de lo desconocido.

El Hill Dickinson Stadium, con una capacidad para más de 51.000 personas, representa un avance arquitectónico y financiero. El acuerdo de naming rights con el bufete Hill Dickinson, revelado por The Guardian, es uno de los más significativos de Europa: alrededor de 10 millones de libras al año.

A pesar de que muchos aficionados cuestionaron el nombre— TalkSport lo calificó como “un estadio que suena más a firma de abogados que a templo del fútbol”—, la dirección del club lo defendió como una apuesta hacia la modernidad.

El nuevo estadio del Everton,

Goodison Park no se despidió sin lágrimas. Durante semanas, los hinchas adornaron los alrededores con banderas y murales. Para ellos, no era solo un estadio: fue escenario de la primera final de FA Cup transmitida por televisión, sede de la Copa del Mundo de 1966 y campo de batalla de clásicos inolvidables.

La BBC recordó que allí nació el School of Science, el estilo de juego elegante que caracterizó al Everton en la primera mitad del siglo XX, y fue el estadio donde se escuchó uno de los gritos más intimidantes de Inglaterra, el Gwladys Street roar.

Ese legado no se desvanece, pero sí cambia de forma. La misión, como dijo el arquitecto Dan Meis a The Guardian, fue “crear un estadio de última generación que conserve la identidad local y la magia de Goodison Park”.

El debut del Hill Dickinson

La historia reciente del fútbol inglés indica que inaugurar un nuevo estadio puede ser una experiencia complicada.

  • Según The Times, Tottenham Hotspur cayó de 53 puntos como local en su última temporada en White Hart Lane a solo 39 en su primera campaña en el nuevo estadio.
  • Arsenal, analizó The Athletic, tardó ocho años en volver a celebrar un título importante tras mudarse al Emirates.
  • Manchester City se estabilizó recién con el ingreso del capital de Abu Dabi, varios años después de dejar Maine Road.

Estos ejemplos advierten sobre un mismo riesgo: el choque emocional y deportivo de dejar atrás un estadio histórico. El Everton, con Moyes al mando, busca evitar esta tendencia, consciente de que los primeros meses serán cruciales.

La experiencia de otros clubes

El 24 de agosto de 2025, el Everton inauguró el Hill Dickinson Stadium con una victoria 2-0 ante Brighton. The Guardian describió el día como “una experiencia conmovedora”: humo azul flotando sobre el Mersey, bufandas en alto y un grito que resonó en cada jugada.

El gol inicial lo logró Iliman Ndiaye, tras una asistencia precisa de Jack Grealish. El segundo tanto fue obra de James Garner. Según BBC Sport, el estadio alcanzó picos de 126 decibelios, uno de los niveles de ruido más altos en la historia de la Premier League.

Con 51.759 asistentes, la atmósfera fue un recordatorio de que la mística también puede trasladarse. Como escribió The Times, “lo viejo y lo nuevo coexistieron durante 90 minutos: la nostalgia de Goodison y la promesa de un futuro diferente”.

El diseño del nuevo estadio

El diseño buscó honrar la memoria. Meis y el estudio Pattern trabajaron en una acústica que replicara el famoso ruido de Goodison. Asimismo, incorporaron elementos de la historia local: fragmentos del muro portuario, vías de tren y un paseo con 30.000 ladrillos personalizados que los hinchas adquirieron para dejar sus nombres grabados en el nuevo recinto.

El estadio también incluye una plaza pública con capacidad para 17.000 personas y servicios modernos, como ventas automáticas de cerveza y accesos digitales. The Athletic destacó que se trata de uno de los estadios más avanzados del continente, diseñado para atraer eventos internacionales además de encuentros de fútbol.

La propuesta va más allá del espectáculo deportivo. La obra es parte de un plan de regeneración urbana que busca revitalizar la zona norte de Liverpool, con viviendas, comercios y oportunidades laborales. Según BBC Sport, el proyecto espera atraer a más de 1,4 millones de visitantes anuales.

El principal reto del Everton

El estadio ya es un hecho, pero el verdadero desafío apenas comienza: hacerlo el hogar emocional de los hinchas.

El Everton tiene la oportunidad de construir una nueva historia. Cada gol, cada bandera y cada grito ayudarán a convertir ladrillos en recuerdos, cemento en identidad.

La mudanza comprobó que la mística puede ser trasladada, que la memoria puede reinventarse y que los estadios, más que simples escenarios, son parte del espectáculo. Como escribió The Guardian tras la jornada inaugural: “Cuando se abren las puertas de un nuevo estadio, la historia del fútbol comienza a escribirse nuevamente”.