Hubo una mañana que resultó clave y que detonó todo lo que ya se venía gestando en el fútbol argentino. Los cuestionamientos hacia los arbitrajes, muy polémicos, se intensificaron con la decisión de que Rosario Central se coronara campeón, lo que provocó un verdadero revuelo en los hinchas y en el entorno futbolístico. Esta fue una decisión del Comité Ejecutivo de la Liga Profesional, que se había reunido en la sede de la Liga Profesional, en Puerto Madero.
Nadie de los presentes pudo escapar a la responsabilidad, aunque sostuvieran que no hubo votación. A pesar de que Verón intentara explicar que “estaba cocinado”, lo cual tiene parte de verdad, y que mencionara que se habló de un "reconocimiento" y no de un título, la realidad es otra.
En la reunión del jueves, estuvieron presentes los presidentes de los clubes y se discutieron temas de gestión como es habitual, sin un orden del día relacionado con los torneos de 2026. En medio de esta dinámica, Claudio Tapia, con el apoyo del tesorero Pablo Toviggino, un hombre influyente, propuso premiar desde 2026 a los ganadores de la tabla anual. Posteriormente, se planteó la posibilidad de reconocer a Rosario Central por la tabla anual.
Quién estuvo presente, cómo se entregó y cómo reaccionaron los dirigentes
La realidad es que Ángel Di María, Fatu Broun y Ariel Holan ya aguardaban afuera con el trofeo preparado de urgencia, tras haber dialogado sobre esta decisión con varios presidentes e integrantes del Comité.
La decisión fue aprobada por los representantes de los 26 clubes presentes en la reunión: Aldosivi, Atlético Tucumán, Belgrano, Barracas Central, Banfield, Huracán, Instituto, Talleres, River, Vélez, Estudiantes, Sarmiento, Gimnasia, Gimnasia de Mendoza, Rosario Central, Central Córdoba, Newell’s, Unión, Lanús, Racing, Boca, Deportivo Riestra, Argentinos, Independiente, Platense y Tigre. No estaban los descendidos Godoy Cruz y San Martín de San Juan, ni tampoco Independiente Rivadavia y San Lorenzo.
Se trató de una movida discutible, teniendo en cuenta que adjudicaron un torneo que no estaba pautado y ya estaba finalizada la fase de grupos. Más allá de esto, fue Tapia quien inquirió en tres ocasiones a los presentes si alguien deseaba opinar sobre esta decisión, la cual generó una escalada de tensiones previas, como sucedió con el tema de las SAD.
No hubo objeciones, y muchos presentes mostraron asentimiento gestual. Nadie planteó el riesgo que esto implicaba. Ni siquiera Ignacio Villarroel, vicepresidente de River, quien luego habría comentado en la CD de su club que solo se trataba de un reconocimiento, cuando posteriormente posó con la Copa junto a la delegación de Central. No existió oposición en el momento y así se selló la polémica.
La propuesta inicial fue de Gonzalo Belloso, con una extensa trayectoria en Conmebol y actual presidente de Central: primero planteó la necesidad de otorgar un título al ganador de la Anual y luego extendió esto a la edición en curso, utilizando el reconocimiento a Di María como caballito de batalla.
De hecho, a pesar de la ola de críticas tras el otorgamiento, el club se encargó de lucir la copa y permitió que los hinchas se tomaran fotografías con el trofeo, además de felicitar a Fideo por el logro.
Todos los presentes asumieron responsabilidad por la decisión, incluido el representante de Estudiantes, Pascual Caiella. Por convicción o por temor, nadie alertó ni se opuso. Y así se generó todo lo que derivó de ello.







