31 de agosto de 2025 02:45

Shelly Ann Fraser Pryce revela su lucha personal y el motivo de su retiro en Tokio: un ataque de pánico antes de París 2024.

Por primera vez, la múltiple campeona olímpica y mundial confesó los detalles del episodio que la apartó de los Juegos Olímpicos de París 2024. ‘Probablemente estaba teniendo un ataque de pánico’, admitió en una entrevista con Marie Claire
Shelly-Ann Fraser-Pryce es una leyenda del deporte femenino, al haber obtenido múltiples preseas entre mundiales de atletismo y JJ.OO.

La reconocida atleta Shelly-Ann Fraser-Pryce atraviesa el ocaso de su carrera con renovada determinación, tras haber superado desafíos personales y dejado una huella imborrable en el deporte. Aclamada en todo el mundo, la velocista jamaiquina regresó a la élite competitiva tras un inesperado retiro en los Juegos Olímpicos de París 2024 y se prepara para despedirse en el próximo Mundial de Atletismo en Tokio.

En una entrevista para la portada de Marie Claire, reveló por primera vez públicamente las razones de su ausencia en París y, en medio de su regreso, dejó claro que su legado trasciende los récords: “Ya no corro solo por medallas. Ahora, corro por mí y por todo lo que represento.”

El pasado mes de mayo, Fraser-Pryce regresó al escenario internacional en la Wanda Diamond League, donde sorprendió con un impresionante tiempo de 11,05 segundos en los 100 metros. Un mes después, aseguró su lugar para el torneo mundial, donde disputará su última carrera profesional en septiembre.

Este regreso, además, no se trata de una revancha ni de un intento de repetir el pasado. “Me encanta el momento en el que estoy en este viaje,” enfatizó. También añadió: “No digo que sea fácil, porque no lo es. Pero cuando me miro al espejo, veo a una mujer fuerte y valiente que está a punto de hacer lo imposible.”

Retirada en París: lo que realmente ocurrió

El episodio de París 2024 dejó una marca indeleble en su trayectoria. Por primera vez, compartió los pormenores de aquel día. Tras avanzar en las eliminatorias con un tiempo de 10,92 segundos, todo cambió en cuestión de minutos.

Al intentar ingresar por la puerta habitual del Stade Annexe, el personal le negó el acceso, a pesar de que la había utilizado el día anterior. Se vio obligada a esperar, rodeada de miradas y presión, más de media hora mientras intentaban solucionar la situación. Finalmente, tuvo que caminar hacia otra entrada y perdió tiempo valioso para su preparación.

“La alteración de mi rutina me pasó factura. Sentí ansiedad y calambres musculares. Probablemente estaba sufriendo un ataque de pánico,” confesó. Sobre la incertidumbre que atravesó, profundizó: “Soy una guerrera, una luchadora. Quería hacerlo por mi país, pero tuve que preguntarme: ¿qué es lo correcto para mí?”.

Tomar la decisión de no competir fue doloroso. Al regresar a su alojamiento, su hijo Zyon le preguntó: “Mamá, ¿por qué no corriste?”. Entre lágrimas, buscó consuelo en su familia durante unos días en Nueva York. “Me sentía rota, el apoyo de mi esposo me dio fuerzas,” recordó.

Luego del episodio en Francia,

Trayectoria y logros: de Kingston al podio mundial

La historia de Fraser-Pryce comenzó en Waterhouse, un barrio de Kingston marcado por la pobreza y la criminalidad. Creció en un entorno humilde junto a numerosos familiares, observando a su madre trabajar como vendedora ambulante y a su abuela cultivar en el patio.

Desde pequeña demostró su rapidez y, a los 13 años, ya formaba parte del equipo de atletismo de la Wolmer’s Trust High School for Girls. A los 16, logró alzarse con el campeonato nacional escolar. “No hay éxito sin trabajo duro, aunque se tenga talento. Comprendí que si me mantenía comprometida y apasionada, podría llegar lejos,” confesó.

El apoyo de Jeanne Coke, benefactora de la Wolmer’s Old Girls’ Association, fue crucial, ya que le brindó asistencia económica en un momento clave. Su carrera despegó con títulos juveniles y, poco después, cosechó éxitos a nivel internacional. Se convirtió en la primera mujer caribeña en obtener el oro olímpico en 100 metros y la tercera más rápida de la historia.

Con 38 años de edad,

Obstáculos personales: maternidad, lesiones y resiliencia

El camino de la velocista ha estado signado por pruebas personales. Una lesión en el pie condicionó su actuación en los Juegos de Río 2016, donde logró la medalla de bronce. Poco después, se enteró de que estaba embarazada y decidió ocultar la noticia, incluso a su madre. Al respecto, comentó: “Ser mujer en el deporte conlleva desafíos adicionales. Cuando tu cuerpo es tu herramienta de éxito, un embarazo puede verse como el final de todo.”

El nacimiento de su hijo Zyon, por cesárea, no detuvo su ambición. Dos años más tarde, conquistó su octavo título mundial en Doha con un registro de 10,71 segundos. “Enfrenté mucha adversidad antes de ese campeonato; la pista era mi vía de escape. Creo en el poder de la alineación,” señaló.

Su resiliencia inspira a otras mujeres atletas tanto en Jamaica como en el resto del mundo. “Siempre pensé: nadie me va a regalar nada. Tengo que demostrar que me necesitan,” afirmó la deportista, también conocida como “Pocket Rocket”, en alusión a su pequeña estatura y gran velocidad.

La resiliencia de Fraser-Pryce se

Impacto fuera de las pistas: filantropía y legado

Su compromiso social se refleja en la Pocket Rocket Foundation, que ha otorgado cerca de 100 becas académicas a estudiantes de secundaria en Jamaica. “Sé lo que es tener un sueño y carecer de recursos,” explicó. Asimismo, participa activamente en donaciones y actividades comunitarias.

El reconocimiento en su país es constante. En mayo, la calle donde creció fue renombrada como “Shelly-Ann Fraser-Pryce Drive”, y hace tan solo cuatro meses recibió la llave de Kingston, celebrándolo con una donación de USD 50.000 a su escuela secundaria. Su amiga y también atleta olímpica, Aisha Praight Leer, la describió como “La Michelle Obama de Jamaica.”

La velocista jamaiquna participa de actividades locales en la ciudad de Kingston. Hace algunos meses estuvo en una competencia de la escuela de su hijo Zyon

Perspectiva actual y visión a futuro

A sus 38 años, Fraser-Pryce desafía los estereotipos sobre la edad en la alta competencia. Al respecto, expresó: “Estoy ampliando la conversación sobre lo que significa ser una velocista femenina. Ahora tienen un modelo, porque yo lo hice primero.”

Sus motivaciones sobrepasan las medallas y la fama. “Esta vez es por algo más importante: por mí misma. Esto es en mis términos y no me retiré porque alguien me lo dijera. Quiero que mi legado sea la totalidad de quién soy: la madre, la atleta, la empresaria, la filántropa,” concluyó, reflexionando sobre su perspectiva en la recta final de su carrera.